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“Cuando el termómetro está en cero, es cuando más pensamos en el sol” (Los miserables, Víctor Hugo). Posiblemente esta es una buena forma de describir la sensación de muchos docentes y profesionales, al saber sobre los indicadores educativos del país. Pero más allá de un sentimiento de frustración y pesimismo, se deben buscar las alternativas y orientar los esfuerzos para cambiar esta situación; es decir, “pensar en el sol”.

Las redes educativas son esa oportunidad de poder mejorar la gestión educativa a nivel local, buscando soluciones a partir de la realidad de cada comunidad. Con esta apuesta se pretende crear un tejido socioeducativo de colaboración y apoyo, entre los centros educativos de todos niveles, en un mismo territorio. Pero este desafío va mucho más allá de la firma de convenios de colaboración o de cumplir con la legislación educativa. El gran desafío es el cambio de paradigma, pasar del trabajo individual del docente y de las escuelas a un paradigma colaborativo entre los profesores, centros educativos, autoridades y padres de familia. Es decir, buscar algo que parece obvio, pero que aún está lejano, conectar personas.

Los primeros pasos ya han sido dados en el departamento de Quiché, en un contexto educativo desafiante, con bajos indicadores educativos, carencia de infraestructura y en muchos casos de docentes, pero esto en vez de ser una limitante, es una oportunidad para abordar juntos la realidad y transformarla pues este departamento presenta nuevas potencialidades. Es una oportunidad de conectarnos como guatemaltecos, con el objetivo de mejorar las condiciones educativas de la niñez y juventud.